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La silla de Marañón, o el tiempo en la relación médico-paciente

La consulta médica es un pilar fundamental de la relación médico-paciente: posibilita la obtención de una buena historia clínica y cimienta la confianza entre paciente y profesional, algo de gran importancia en sociedades tan despersonalizadas como la actual. Paralelamente, una exploración detallada puede ayudar a perfilar el diagnóstico sin necesidad de sobre prescribir pruebas y/o tratamientos innecesarios, lo que ahorra costes, recursos humanos y, paradójicamente, tiempo.

Sin embargo, el contexto económico actual y los recortes impuestos en áreas de salud han llevado en ocasiones a organizar las consultas en base a indicadores exclusivamente económicos, por lo que el tiempo de visita se ha visto gravemente perjudicado. Ante una materia tan delicada como es la atención de la salud, la calidad asistencial debería ser el primer activo a tener en cuenta en la gestión de sociedades y centros.

La consulta médica de calidad, con su tiempo debido, es y debería ser un gran recurso terapéutico a todos niveles, por lo que debe reivindicarse como tal. Por ello, en esta ocasión desde Vesalius nos gustaría compartir una reciente entrada del blog de uno de nuestros clientes, el Dr. Lluís Puig Verdié, traumatólogo y cirujano ortopédico especializado en patología séptica y prótesis de rodilla y cadera. A través de una conocida anécdota del doctor Gregorio Marañón, el doctor Puig ilustra la necesidad de invertir tiempo en la relación médico-paciente como base para mejorar la calidad asistencial a todos niveles.

 

Lamentablemente, la silla de Marañón suele estar vacía

Dr. Lluís Puig Verdié

El éxito de una consulta médica, es decir llegar a un diagnóstico preciso para proponer un tratamiento, se basa sencillamente en disponer de tiempo. Tiempo para escuchar al paciente, para explorarlo y para solicitar exploraciones complementarias (radiografías, resonancia magnética nuclear, etc.) que servirán para confirmar el juicio emitido y plantear un tratamiento adecuado. Tiempo del cual, lamentablemente, no siempre se dispone. Es por ello que hoy en día, cuando la tecnología esta muy presente en las consultas médicas, tal vez se necesite volver a la silla del doctor Marañón.

La conocida anécdota cuenta que en una entrevista preguntaron al Dr. Gregorio Marañón: “¿Cuál es la innovación más importante de los últimos años?”,  se quedó un momento pensativo y respondió: “La silla”. “La silla que nos permite sentarnos al lado del paciente, escucharlo y explorarlo”.

La asistencia médica hoy en día no dispone de tiempo. Con 5 o 10 minutos por paciente difícilmente se puede utilizar la silla de Marañón. En traumatología, la visita suele limitarse a solicitar una prueba de imagen, una resonancia magnética a poder ser. Prueba que suele tener gran prestigio en los pacientes, y si en esta aparece una imagen diferente a la anatomía normal, el paciente tiene muchas probabilidades de ser diagnosticado de alguna patología y hasta de ser sometido a una intervención quirúrgica posiblemente innecesaria.

En las últimas décadas, hasta que no se conoció la prevalencia de lesiones discales en la columna lumbar en personas sanas, cualquier protrusión discal que aparecía en un escáner o resonancia era  susceptible de ser intervenida. Del mismo modo, hasta que no se conoció la presencia y frecuencia de las lesiones meniscales en personas sin ningún tipo de síntomas, cualquier lesión meniscal condenaba al paciente a someterse a una artroscópica para extraerle el menisco. Y, lamentablemente, no siempre las cirugías son siempre son inocuas.

Si se busca, y debe buscarse siempre, el beneficio para los pacientes, su seguridad y mejorar la calidad asistencial, evitando exploraciones y tratamientos innecesarios, forzosamente la silla de Marañón debe dejar de estar vacía.

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